Historia de los Incas y Quechuas

Curiosamente, el término Inca parece provenir de la arcaica expresión preincaica ñanca, con la que se denominaba a los sacerdotes y huacas «desde las edades más remotas», y que a su vez tenía relación con un elemento mitológico ornitoforme. Precisamente los orígenes de la civilización Inca también aparecen envueltos en una extraña mixtura en la que se entremezclan hechos históricos con episodios legendarios. La fundación de Cuzco, en las postrimerías del siglo XII d.C., constituye el embrión a partir del cual tomó forma el poderoso imperio quechua.

En el siglo XVI los cronistas españoles recogieron dos mitos que narran el origen de la estirpe Inca: la leyenda de Manco Cápac y la de los Hermanos Ayar. La primera cuenta cómo Manco Cápac, acompañado por su esposa Mama Ocllo, surgieron del lago Titicaca por deseo de su padre, el dios Sol (Inti), que les exhortó a que vagasen libremente por las tierras hasta que encontrasen un lugar adecuado para fundar una dinastía de gobernantes. La señal que les indicaría el lugar propicio vendría dado por una vara de oro que Manco Cápac debía clavar en el suelo al final de cada jornada. Allí donde se enterrase completamente y sin esfuerzo sería el emplazamiento idóneo para asentarse. Naturalmente, esto ocurrió en Cuzco, e inmediatamente, los indígenas locales se sometieron a la sabiduría y gobierno del enviado y aprovecharon las enseñanzas práctico-culturales que sobre diversas artes les enseñó Mama Ocllo.

El mito de los Hermanos Ayar relata las peripecias de cuatro personajes sobrenaturales, Ayar Manco (Manco Cápac), Ayar Auca, Ayas Uchu y Ayar Cachi, que acompañados de sus respectivas consortes (entre las que se encontraba Mama Ocllo) partieron desde la región de Collao (Lago Titicaca) o desde Pacaritampu (según diversas versiones) con la misión civilizadora de culturizar a los habitantes de la sierra. Durante la peregrinación, todos los hermanos, a excepción de Ayas Manco y Mama Ocllo, desaparecieron por diversas circunstancias y fue esta mítica pareja quien se estableció definitivamente en el Cuzco implantando de este modo la semilla de la estirpe incaica.

A pesar de este origen legendario, el primer Sapan Inca o gobernante quechua, Manco Cápac, también goza de una cierta consideración histórica, y de la misma forma, la fecha relativa al año 1.200 también se mantiene como válida. El primer Inca se asentó en el Hurín Cusco o parte baja de la ciudad, donde estuvo localizada la primera dinastía de monarcas que conformó la fase inicial del llamado imperio legendario de esta cultura, durante el que ocuparon el trono los siguientes reyes:

-    Manco Cápac, fundador de Cuzco y de su dinastía.

-    Sinchi Roca, hijo del anterior, que fue engendrado durante el peregrinaje desde el lago Titicaca. Ocupó el trono de la ciudad sobre el año 1.230 y no conquistó ningún territorio.

-    Lloque Yupanqui. Primogénito de Sinchi Roca. Se convirtió en Inca sobre el 1.260 y bajo su mandato se produjo una sublevación de la tribu Hualla.

-    Mayta Cápac. Milagrosamente, su madre le dio a luz a los 3 meses de gestación. Asumió el poder en el año 1.300 y redujo un alzamiento del pueblo Allcahuiza.

-    Cápac Yupanqui. Ultimo monarca de la dinastía Hurin Cuzco (año 1.320). Inició una somera labor expansionista local. A mediados del siglo XIV, el imperio legendario se perpetúa con la nueva dinastía de los Hanan Cuzco, naturales de la parte alta de la ciudad. Sus sucesivos gobernantes fueron:

-    Inca Roca, que ascendió al trono en 1.350. Fue el primero que históricamente utilizó el título de Inca y conquistó varias poblaciones cercanas a Cuzco, donde realizó importantes mejoras urbanas.

-    Yahuar Huaca. Hijo del anterior, inició su gobierno en 1.380. Su verdadero nombre era Titu Cusi Huallpa, pero lo cambió por el apodo yahuar huaca («llorar sangre») ya que siendo niño fue capturado por unos conspiradores, y al creerse próximo a la muerte, comenzó a derramar lágrimas sanguinolentas.

-    Viracocha Inca. Nacido como Hatun Topa Inca, se le apareció de joven el mismísimo dios Viracocha, del que tomó su nombre. Se convirtió en monarca hacia 1.410, y está considerado como el primer Inca con ambiciones imperialistas, puesto que inició una importante labor de colonización que convirtió a Cuzco en una poderosa nación andina.

Varios pueblos próximos a la capital quechua trataron de frenar las acciones expansivas de los incas, como los Canas, los Canchis y los Chancas. Estos últimos, que eran bravos y poderosos, llegaron hasta las puertas de Cuzco dispuestos a tomarla al asalto. Viracocha Inca, amedrentado, anciano y desvalido, incapaz de asumir la responsabilidad de la defensa, abdicó en favor de Urco, su primogénito, para que hiciera frente a los invasores; pero este, al igual que su padre, sintió Pánico ante el enemigo y decidió rendirse ante ellos. En vista de que Cuzco estaba perdido el tercer hijo del viejo monarca llamado Inca Yupanqui, quien se convertiría posteriormente en Pachacutec, decidió vender cara su derrota y preparó por su cuenta un ataque desesperado contra los belicosos Chancas.

El joven cacique arremetió con tal furia contra los atacantes que logró rechazarlos en un primer combate. En una segunda confrontación, los invasores no fueron solamente repelidos, sino que se les persiguió por la montaña y fueron aniquilados. Según cuenta la leyenda, el ejército de Pachacutec, en número notablemente inferior al del enemigo, fue respaldado por las piedras del campo de batalla, que cobra ron vida y se transformaron en fieros soldados que lucharon por la libertad del Cuzco. Animado por la victoria, el nuevo Inca decidió continuar batallando contra otros pueblos colindantes a fin de someter la mayor cantidad de territorios posibles. Había dado comienzo la denominada fase expansiva o imperio histórico del pueblo quechua, durante el cual, tres grandes monarcas extendieron su poder por Sudamérica hasta crear el mítico Tahuantinsuyo («Las cuatro regiones»), el mayor imperio conocido de todo el mundo occidental, que constaba de cuatro suyos o direcciones (también «regiones») correspondientes en mayor o menor medida a cada uno de los puntos cardinales: Chinchaysuyo, al norte; Antisuyo, al noreste; Contisuyo, al suroeste; y Collasuyo, al sur. Los Incas gobernantes durante esta fase imperial fueron:

-                Pachacutec (Inca Yupanqui), el «transformador del mundo», adoptó este apodo tras la defensa de Cuzco en 1.438, año en que asumió el liderazgo de su pueblo. Fue el iniciador de la fase expansiva cuzqueña, logrando a lo largo de su reinado imponer su gobierno en todo el área central andina comprendida entre los lagos Titicaca y Junín. En el ámbito urbanístico, efectuó importantes mejoras en Cuzco, dotándole de dos canalizaciones de agua (ríos Sapphi y Tullumayo), perfilando su silueta de puma, y edificando magníficas construcciones, como el Coricancha, o Templo del oro. En los últimos años de su regencia delegó la labor de conquista en manos de su hijo Tupac Yupanqui, que partió hacia el norte del país para dominar a las tribus septentrionales.

-                Tupac Yupanqui accedió al gobierno imperial en 1.471 a raíz de la abdicación de su padre. Extendió el Tahuantinsuyo por el norte hasta Quito, en Ecuador, dominando por el camino al influyente pueblo Chimú. Por el sur, avanzó hasta la actual ubicación de Santiago de Chile y la ciudad Argentina de Mendoza, tras subyugar la civilización Chincha y todo el altiplano de Bolivia; y por el este, encabezó un par de campañas por la región de Madre de Dios y otras amplias zonas selváticas. Con posterioridad, se dedicó a organizar política y administrativamente su vasto imperio, labor que casi logró concluir antes de su muerte, en 1.493.

-                Huayna Cápac, hijo de Tupac Yupanqui, fue coronado Inca nada más morir su padre. Se mantuvo en el poder hasta 1.525, y durante esa larga regencia continuó la política de organización estatal iniciada por su antecesor. Al mismo tiempo, hubo de sofocar numerosos alzamientos en muchas de las tribus anexionadas al incario, como tributo por el dominio sobre un territorio tan amplio. Gracias a una de estas revueltas en las regiones norteñas, Huayna Cápac pudo aumentar la superficie de su imperio hasta tierras de Colombia, logrando la máxima expansión histórica alcanzada por el Tahuantinsuyo. El Inca murió repentinamente en 1.525 por una extraña epidemia, y se tiene constancia de que en los últimos años de su mandato tuvo conocimiento de la llegada de los españoles a América. Antes de su muerte, Huayna Cápac decidió dividir el imperio en dos mitades equivalentes, otorgando todas sus tierras septentrionales a su hijo Atahualpa, que era natural de Quito, mientras que el sur del incanato así como su capital pasó a manos de Huascar, otro de sus descendientes, que nacido en Cuzco.

Entre 1.525 y 1.532, los dos Incas herederos mantuvieron una cruel guerra civil por el dominio absoluto del Tahuantinsuyo que, menos de un siglo después de su establecimiento, comenzaba a desmoronarse. Las tribus dominadas por el incario aprovecharon este conflicto para sublevarse, y muy pronto, los súbditos del trono cuzqueño padecieron los graves estragos que conlleva toda desorganización estatal. Por fin, Atahualpa venció a su hermanastro en 1.532, pero paralelamente a esta victoria, arribaron al Perú Francisco Pizarro y sus conquistadores, dispuestos a apoderarse de la totalidad del reino. La posterior captura y muerte de Atahualpa, así como la marcha de los españoles sobre Cuzco y el consiguiente derrumbamiento del Imperio, ya han sido relatados en el capítulo dedicado a Cajamarca (epígrafes La captura de Atahualpa y El fin del Imperio Inca).

El 15 de noviembre de 1.533 Pizarro y los conquistadores entraron en Cuzco. Les acompañaba Manco Inca, otro hijo de Huayna Cápac, que les había salido al paso en las afueras de ciudad, ofreciéndoles pacíficamente su cooperación. Pizarro consideró positivo aquel encuentro, por lo que propuso al quechua como monarca nomina del decadente Imperio a fin de que sus habitantes se mostraran sumisos ante un gobernante local. Manco Inca aceptó el trono de Cuzco considerando que, aún bajo el poder efectivo de los españoles, aquél sería el mejor medio para garantizar la hegemonía de su reino. Tomó esta decisión tras desestimar previamente las pretensiones de Apu Cosquis, lugarteniente del desaparecido Atahualpa, que pretendía formar con él un frente de resistencia común contra los invasores barbados de piel blanca.

Es probable que al cabo de unos años Manco Inca lamentara aquella negativa, pues pronto resultó patente que la única intención de los españoles era apoderarse de todas las riquezas que pudieran acaparar, sin importarles lo más mínimo la subsistencia del pueblo indígena. Así pues, entre 1.533 y 1.536, todo el área de Cuzco fue despojado de sus incontables tesoros El saqueo y la codicia, males comunes a toda labor de conquista, se extendieron por todo el mortecino imperio El oro y los demás tesoros que los Incas habían arrebatado a multitud de pueblos durante su expansión, cambiaba una vez más de manos, ahora se destinaba a la corona de España y al dominio colonial de sus soldados. Con la fundación de Lima en 1.535 como capital del Perú, Cuzco perdió definitivamente su influencia sobre el país. Un año más tarde Manco Inca se levantó en armas contra los opresores, encabezando una violenta rebelión para reestablecer la predominancia quechua. A punto estuvo de derrotar a los conquistadores, pero finalmente fue doblegado en la cruenta batalla de Sacsayhuamán, y huyó con su corte hacia el interior de las montañas.

Este episodio dio pie a lo que se ha venido a llamar la dinastía rebelde de Vilcabamba, pues desde esta población andina y desde la ciudadela de Vitcos, ambas enclavadas en inhóspitos parajes, el Inca y sus hijos mantuvieron una feroz resistencia contra el gobierno de Lima. Asesinado Manco Inca en 1.545 por unos desertores españoles, le sucedió Sayri Tupac, que tras un período de oposición violenta se convirtió al catolicismo en 1.558. Su hermano Titu Cusi Yupanqui atravesó una etapa idéntica de rebeldía, aceptando el bautismo cristiano 10 años más tarde. Tupac Amaru, el último hijo de Manco, nunca aceptó la fé de sus opresores, a los que continuó hostigando hasta 1.572, fecha en que fue capturado en las inmediaciones de Vilcabamba. Poco después fue ejecutado en Cuzco. Con su muerte, la estirpe Inca desapareció para siempre.

A partir de la caída del imperio, los españoles también se vieron envueltos a nivel interno en una serie de intrigas y asesinatos, promovidos por la codicia y las ansias de poder, que culminaron con la muerte de los dos principales protagonistas de la conquista del Perú, Francisco Pizarro y Diego de Almagro. La corona de España intervino repetidamente para paliar los desmanes que se producían entre sus tropas. no alcanzándose un clima de tranquilidad relativa hasta finales del siglo XVI. Durante los 200 años siguientes, el país evolucionó pacíficamente como colonia española, perdiéndose únicamente esta quietud a raíz de la revuelta indígena que encabezó en 1.780 un descendiente de los Incas, que adoptando el nombre de Tupac Amaru II, promovió una violenta rebelión contra los abusos de la corona, denunciando la explotación indiscriminada de los campesinos y de los recursos del país.

El levantamiento fue sofocado con dureza al año siguiente, y culminó con la ejecución de su promotor, su familia y un buen número de rebeldes. Durante el primer cuarto del siglo XIX, Perú se sumó a los movimientos independentistas que comenzaban a aflorar en Sudamérica. El colonialismo español dio sus últimos estertores en 1.824, cuando las fuerzas realistas sucumbieron ante el resurgir nacionalista de los peruanos Resulta paradójico que la Independencia del país llegara de manos de los descendientes de los conquistadores que habían doblegado el imperio Inca 300 años atrás. Sin embargo, quizá debido a esa querencia hispana y al mestizaje de una mayoritaria parte de la población, a pesar de la expulsión de los españoles, la situación social del Perú no cambió sustancialmente durante largas décadas.