ASPECTOS CULTURALES DE LOS INCAS

Generalidades

El hecho de que a nivel mundial Perú sea conocido como el fabuloso Imperio de los Incas se debe a dos razones fundamentales: en primer término, porque el pueblo quechua constituyó la última gran civilización prehispánica de Sudamérica, por lo que sus ruinas y vestigios son mucho más numerosos que los de las culturas anteriores; y en segundo lugar, porque los cronistas españoles que tomaron parte en la Conquista reflejaron en sus escritos usos, costumbres y hechos de la sociedad inca, que obtuvieron muy a menudo de primera mano por boca de los propios indígenas. Pero como puede comprobarse en este libro, otros muchos pueblos alcanzaron con anterioridad al Incario altísimas cotas de desarrollo en períodos históricos mucho más antiguos.

Como ninguna cultura precolombina utilizó (que se sepa hasta hoy) el lenguaje escrito, y habida cuenta que tradicionalmente, todas ellas se basaron en o se apropiaron de los adelantos tecnológicos de las civilizaciones precedentes, de las que desecharon parte de sus viejas costumbres, y a las que en ocasiones incluso ocultaron reconstruyendo o transformando sus restos arquitectónicos primigenios, resulta sencillo comprender que el patrimonio cultural Inca significa mucho más que un compendio de monumentos, estructuras o normas sociales. Sin menosprecio de su importancia como gran civilización, hemos de considerar que grosso modo, la magnífica organización política que establecieron a lo largo de su imperio, la espléndida estructura sobre la que basaron sus medios de producción, sus amplios conocimientos científicos, o simplemente su estricta y disciplinada sociedad, suponen mucho más que las meras características de un pueblo altamente desarrollado: reflejan en conjunto el legado de la milenaria cultura andina. Por ello, y al margen de sus méritos individuales, debemos admirar al Incanato como el máximo exponente, por ser el mejor conocido, de las antiguas civilizaciones peruanas.

 

La sociedad

El Sapa Inca, o simplemente Inca, era el jefe del poder político y religioso y se situaba por encima de todas las autoridades del Imperio.

Tanto él como toda su casta eran Intip Churi, los «Hijos del Sol». La consorte principal del monarca era conocida como Coya y fue costumbre durante las últimas etapas del Tahuantinsuyo que esta fuera la propia hermana del Inca, si bien ya hemos visto que durante la fase legendaria Manco Cápac se casó con Mama Ocllo, que era de su misma sangre. El heredero al trono podía ser hijo de la Coya o de alguna de las múltiples concubinas del rey. Como no existía una ley de sucesión, el Sapa Inca elegía antes de morir al siguiente monarca entre, todos sus descendientes. En cualquier caso, los príncipes reales siempre contaban con la más alta consideración.

A los varones se les denominaba Auqui y a las mujeres Ñusta. En conjunto, la nobleza imperial constituía el segundo estamento social más importante del Incario. En orden descendente le seguían las clases privilegiadas de los habitantes de Cuzco y alrededores, los curacas o jefes militares, la nobleza de privilegio (distinguidos por proezas militares) y los sacerdotes. Estos ciudadanos de alto rango eran los únicos que tenían acceso a una instrucción educacional.

Por debajo de todos estos grupos se situaba el pueblo llano, compuesto por ciudadanos simples y campesinos, que dependiendo de su edad, se integraban en subgrupos con un cometido concreto para cada etapa de su vida. Los campesinos vivían en un ayllu, agrupación familiar o comunidad de aldea unida por lazos de descendencia y parentesco. Cada miembro del ayllu cultivaba una parcela de la marca agrícola que tenían asignada. No existía la propiedad privada y todo el pueblo trabajaba y contribuía con impuestos para mantener el Imperio. Por debajo del pueblo llano aún se situaba una casta inferior, la de los yanacona, que separados de su ayllu podían considerarse como auténticos esclavos de la sociedad.

 

El mundo espiritual

Los incas desarrollaban su vida dentro de un plano esencialmente mágico, de modo que lo sobrenatural siempre permanecía ligado ala vida cotidiana. Eran muy religiosos y creían en la existencia de varios dioses, de los que el más importante era Viracocha (Kon Tiki Viracocha), una divinidad importada de la cultura altiplánica de Tiahuanaco, que se erigía en Ser Supremo y Creador del mundo y los hombres. Según su propio mito, Viracocha, alto, de tez blanca y rostro barbado, habría surgido del lago Titicaca para formar la tierra, el cielo y una primigenia humanidad, a la que destruyó más tarde por su continua desobediencia. Con posterioridad, Viracocha dio vida a una segunda especie de hombres (antepasados de las tribus andinas) y creó al Sol, la Luna y las estrellas para que los vigilasen como deidades tutelares. Satisfecho p' su obra, Kon Tiki cruzó el Perú de sur a norte y se perdió en el mar.

Desde su aparición en la tierra, los incas fueron santificados por el Inti (el Sol), que profetizó a Manco Cápac la grandeza que alcanzaría el pueblo quechua En esta leyenda tiene su origen el exacerbado culto que durante la predominancia del Incanato se profeso al astro rey, que como puede verse, no fue el dios principal de este cultura, sino uno más aunque predilecto de una amplia lista de divinidades, entre las que destacaron Quilla (la Luna), lllapa (el trueno), Pachamama (la tierra) y Mamacocha (el mar). El culto regular a estos dioses se practicaba en los templos, siendo el Coricancha de Cuzco, el más sagrado de todos ellos. Allí oficiaba el Villac Uma o sumo sacerdote que por lo general guardaba algún parentesco con el propio Inca.

Las ceremonias exigían ritualmente algún tipo de sacrificio, que solía llevarse a cabo con llamas o cuises (el cuy es el conejo de indias). Para ocasiones solemnes, tales como la guerra o una grave enfermedad del monarca, se sacrificaban seres humanos, preferentemente muchachos puros y sanos, de unos 10 años de edad. Los ritos más sencillos se completaban con ofrendas populares tales como ha s de coca, tabaco, chicha, pepitas de oro, piezas de plata, caracolas marinas, tejidos o algo de comida. A lo largo del año se realizaban importantes celebraciones según un estricto calendario, cuyas fechas concretas se determinaban mediante la utilización del intihuatana, una misteriosa construcción lítica con la que parecía computarse el tiempo con mucha exactitud. Los dos festivales primordiales del mundo incaico eran el Cápac Raymi o año nuevo, que tenía lugar en diciembre y el lnti Raymi o fiesta del sol, con la que se conmemoraba cada 24 de junio el solsticio de verano (para ellos invierno).

Los incas creían en la vida después de la muerte, por lo que profesaban un profundo culto a los difuntos. Según su tradición, concebían tres mundos o niveles de existencia: el Capacha, o mundo terrenal; el Hananpacha, o mundo de arriba. donde moraban los dioses junto a los hombres virtuosos tras su muerte, y el Ucopacha, el oscuro y frío mundo subterráneo que cobijaba a los seres malvados. La conservación del cadáver era fundamental para alcanzar la otra vida, por lo que cuando una persona moría. su cuerpo era momificado mediante técnicas actualmente desconocidas. Estas momias o mallkis eran motivo de veneración, sobre todo si pertenecían a altos sacerdotes o al Inca, hasta el punto de que eran sacadas periódicamente en procesión por la ciudad de Cuzco.

Como se pensaba que la vida tras la muerte era idéntica a la existencia terrenal, cuando fallecía un monarca, era costumbre que algunas de sus concubinas o servidores le acompañasen voluntariamente al Hananpacha, para lo que eran sacrificados ritualmente.